La caza del meteoro
La caza del meteoro De conformidad con este principio, comenzó por depositar en ella tres piezas de calzado; más adelante debió lamentarse de que esas tres piezas estuviesen constituidas por una botina de botones, un zapato de lazo y una zapatilla. Pero, por el momento, al menos, aquello no ofrecía ningún inconveniente, y un rincón de la maleta estaba ya lleno.
Embaladas ya las tres susodichas piezas, Zephyrin Xirdal, sumamente fatigado, se secó la frente que la tenía inundada de sudor.
Desesperando de conseguir nada útil por el método clásico, resolvió entregarse a su inspiración.
Metió, pues, las manos en sus cajones y en el montón de trajes que constituían su guardarropa, y fue llenando uno de los lados de la maleta de los objetos más heterogéneos.
Era posible que el otro compartimiento de la maleta estuviese vacío, pero Zephyrin Xirdal no sabía nada de ello; así es que se vio en la necesidad de hacer presión con los pies, hasta que llegaron a ponerse suficientemente de acuerde el continente y el contenido.
Visen entonces la maleta rodeada por una fuerte cuerda, ligada por una serie de nudos, de tal manera complicados, que su autor debía verse más adelante en la imposibilidad de deshacerlos; después de lo cual, contempló su obra con una satisfacción bastante vanidosa.