La caza del meteoro
La caza del meteoro Ya fuese el sentimiento de su responsabilidad respecto de Monsieur Robert Lecoeur, ya fuese tan sólo el interés científico, es el caso que no volvió a hacer otras tonterías. La experiencia comenzada continuó metódicamente.
De tiempo en tiempo Zephyrin Xirdal tomaba una observación astronómica del meteoro.
En la mañana del 5 de julio dirigió por última vez su objetivo hacia el cielo.
—Allí está —dijo, separándose del instrumento—. Ahora puede dejársele correr.
Pasó en seguida a ocuparse en arreglar y empaquetar debidamente su equipaje.
En primer término, su máquina y algunas ampollas de recambio... Tocóle en seguida el turno a su equipaje personal, después de haber embalado cuidadosamente, lo más cuidadosamente que pudo y supo, su anteojo.
Una seria dificultad hubo de detenerle al dar el primer paso... No tenía baúl... Por fin, encontró arrinconada una maleta, sin funda y sin correas, que colocó en medio de la habitación, abierta y en disposición de recibir el equipaje.
«Sólo lo necesario —díjose a sí mismo—. Debo, pues, efectuar una selección razonable y proceder metódicamente.»