La caza del meteoro
La caza del meteoro El doctor, sin embargo, había tenido que ceder a las apremiantes solicitaciones de su hija primogénita, que deseaba hacer el viaje con él. Jenny, pues, acompañaba a su padre.
Al insistir, como lo había hecho, tenía la joven un objeto. Separada de Francis Gordon desde las escenas violentas que habían producido la desunión entre ambas familias, suponía que éste acompañaría a su tío.
En ese caso sería una suerte para los dos prometidos el vivir tan cerca el uno del otro, sin contar las ocasiones que tendrían de hablarse en el transcurso del viaje.
Los sucesos vinieron a demostrar que había pensado bien.
Francis Gordon habíase, en efecto, resuelto a acompañar a su tío. Seguro es que no hubiera pretendido aprovecharse de la ausencia del doctor para presentarse contra sus órdenes terminantes en la casa de Morris Street. Preferible era, pues, tomar parte en el viaje, como lo hacía «Omicron», para interponerse, si llegaba el caso, entre ambos adversarios y aprovecharse de cualquier circunstancia que pudiera modificar aquella deplorable situación.
En el número de los pasajeros del Mozik, hallábase también Edwald de Schnack, el delegado de Groenlandia en la Comisión Internacional. Su país iba a ser sencillamente el país más rico del mundo.