La caza del meteoro
La caza del meteoro —Cierto —añadió Mrs. Arcadia Walker—; y asÃ, será mejor que haya pasado lo que ha pasado. Creo yo, Mr. Stanfort, que un poco de dificultades, de inquietudes y de zozobras no vienen mal antes del matrimonio. Las uniones hechas con demasiada facilidad corren el riesgo de deshacerse de la misma manera... ¿No es esa, por ventura, la opinión de usted sobre el particular?
—Indudablemente, Mrs. Arcadia... AsÃ, nosotros... Nuestro ejemplo lo prueba harto elocuentemente... En cinco minutos... A caballo... El tiempo puramente preciso para entregar uno su mano...
—Para volverla a entregar de nuevo seis semanas después... Pero esta vez a nosotros mismos, y recÃprocamente ^interrumpió sonriendo Mrs. Arcadia Walker—. Pues bien; Hoy Francis Gordon y Jenny Hudelson no dejarán de alcanzar la dicha, aunque no se casen a caballo.
Inútil creemos decir que en medio de aquella multitud de curiosos, Mr. Seth Stanfort y Mrs. Arcadia Walker debÃan ser los únicos, si se exceptúa a los dos jóvenes prometidos, en no acordarse para nada en aquel momento del meteoro.
Se avanzaba a buen paso. En media hora más o menos habÃanse franqueado tres cuartos de legua; un millar de metros quedaban por andar para alcanzar el bólido, que se ocultaba a las miradas detrás de un pequeño promontorio.