La caza del meteoro
La caza del meteoro Pertenecía esta casa de Elisabeth Street a Mr. Dean Forsyth. Este señor tenía cuarenta y cinco años y los representaba efectivamente. Cabeza grande, desgreñada, ojos pequeños, con lentes muy gruesos; espaldas un poco encorvadas; cuello poderoso, envuelto en todas las estaciones del año con una corbata que le daba dos vueltas y le subía hasta la barba; levita amplia y arrugada; chaleco flojo, cuyos botones inferiores jamás se utilizaban; pantalón demasiado corto, cubriendo apenas sus zapatos demasiado anchos; casquete, colocado hacia atrás, sobre una cabellera rebelde; cara con mil pliegues y arrugas terminando con la perilla habitual de los americanos del Norte; carácter irascible, a un paso siempre de la cólera: tal era Dean Forsyth, de quien hablaban Francis Gordon, su sobrino, y Mitz, su anciana sirvienta, en la mañana del 21 de marzo.