La caza del meteoro
La caza del meteoro —¡Mitz...! ¡Mitz...!
—¿Qué, hijo?
—¿Qué es lo que tiene mi tÃo Dean? ¿Qué le ocurre?
—Nada, que yo sepa.
—¿Es que está enfermo?
—¡Oh, no! Pero si esto continúa, llegará seguramente a estarlo.
Estas preguntas y respuestas se cambiaban entre un joven de veintitrés años y una mujer de sesenta y cinco en el comedor de una mansión de Elisabeth Street, precisamente, en aquella ciudad de Whaston donde acababa de realizarse la más original de las bodas a la moda americana.