La caza del meteoro
La caza del meteoro —Es probable que el bloque de oro, recalentado por su frotamiento con las capas atmosféricas, se halle aún en estado incandescente —explicó el astrónomo de Boston—, y que su calor, irradiado, se haga sentir hasta aquÃ.
—¡Tal vez! —exclamó Mr. Seth Stanfort—. ¿Habrá de sernos preciso, en ese caso, esperar a que se enfrÃe?
—Su enfriamiento habrÃa sido más rápido si, en lugar de caer encima, hubiera caÃdo fuera de la isla —hizo observar para sà Francis Gordon.
También él sentÃa calor, pero no era el único. Mr. Schnack y Mr. Wharf transpiraban lo mismo que él, y con ellos, toda la multitud de pasajeros y todos los groenlandeses, que jamás se habÃan visto en una fiesta semejante.