La caza del meteoro
La caza del meteoro ¿Iban a permanecer toda la vida allí ante aquella cerca? Después de haber andado millares de millas para llegar hasta allí, ¿iban a dejarse detener por una cerca de madera y alambre? El propietario del terreno no podía tener la loca pretensión de ser también el propietario del meteoro. No tenía, por consiguiente, razón ninguna para prohibir el paso.
Además, si el propietario negaba el paso, la cosa era sencilla; no había más que tomárselo.
¿Sintióse acaso quebrantado Mr. Schnack por la fuerza de estos argumentos...? Lo cierto es que sus principios flaquearon.
Precisamente enfrente de él, y sujeta por un sencillo bramante, había una puertecilla en la cerca. Valiéndose de una navajita, Mr. Schnack cortó aquel bramante, y sin reflexionar que aquel allanamiento de morada le transformaba en un vulgar salteador, penetró en el territorio.
Por la puerta unos y saltando la cerca otros, el resto de la muchedumbre se precipitó tras él. En pocos instantes, más de tres mil personas habían invadido la «propiedad privada». Muchedumbre ésta agitada, bullidora, que comentaba vivamente aquel inesperado incidente.
Pero el silencio se restableció de pronto, como por encanto.