La caza del meteoro
La caza del meteoro —¡Pero... va a deslizarse y resbalar hasta el mar! —exclamó Monsieur Lecoeur al cabo de algunos instantes.
Su ahijado guardó silencio.
—Tú habÃas anunciado que caerÃa a cincuenta metros de la orilla.
—Ha caÃdo a diez metros..., porque es preciso tener en cuenta su semidiámetro.
—Diez no son cincuenta.
—Le habrá desviado la tempestad.
Sin cambiar otras frases, ambos interlocutores se pusieron a contemplar en silencio la esfera de oro.
No dejaba, en verdad, de tener algún fundamento la inquietud que experimentaba Monsieur Lecoeur.
El bólido habÃa caÃdo a diez metros de la arista extrema del promontorio. Siendo su radio de cincuenta y cinco metros, como con razón habÃa afirmado el observatorio de Greenwich, la mayor parte de la esfera estaba suspendida en el vacÃo, a poca distancia de la superficie del mar. Pero la otra parte, impresa materialmente en la roca, retenÃa al conjunto encima del océano.