La caza del meteoro
La caza del meteoro La casa era de las más acogedoras, bien dispuesta, según las reglas del confort moderno. Por detrás, un gabinete de trabajo y un comedor daban al jardÃn, de reducidas dimensiones, pero sombreado por algunos árboles y esmaltado de flores que la primavera comenzaba a hacer brotar. Dependencias y cocina en el subsuelo, a la moda anglosajona.
El primer piso valÃa tanto como la planta baja, y Jenny no pudo dejar de felicitar a su prometido por haber descubierto aquella linda residencia, una especie de villa de encantador aspecto.
Mrs. Hudelson tenÃa la misma opinión de su hija, y aseguraba que nada mejor habrÃa podido encontrarse en cualquier otro barrio de Whaston.
Esta halagadora apreciación pareció aún más justificada cuando se llegó al último piso de la casa. AllÃ, bordeada por una balaustrada, habÃa una amplia terraza, desde la que las miradas podÃan abarcar un espléndido panorama. PodÃa remontarse y descender el curso del Potomac, y descubrir más allá el pueblo de Steel, de donde habÃa partido Miss Arcadia Walker para unirse a Seth Stanfort.
La ciudad entera, con los campanarios de sus iglesias, las altas techumbres de los edificios públicos y las verdeante cimas de sus árboles, aparecÃa ante las miradas.