La caza del meteoro
La caza del meteoro —¿Y no consentirá usted en olvidar sus planetas para escuchar el discurso que el reverendo O'Garth pronunciará muy emocionado?
—SÃ, Loo, sÃ. Pero aún no estamos en ese caso. Y ya que el cielo está puro hoy, que es raro, idos sin mÃ.
Mrs. Hudelson, Jenny, Loo y Francis Gordon dejaron, por consiguiente, al doctor que maniobrara con su anteojo y su telescopio, en tanto que Mr. Dean Forsyth, sin género alguno de duda, maniobraba de la misma manera con sus instrumentos en la torre de Elisabeth Street. ¿TendrÃa recompensa esta doble obstinación, y, visto una primera vez, pasarÃa el meteoro una segunda vez ante el objetivo de los aparatos?
Para ir a la casa de Lambeth Street, los cuatro paseantes descendieron Moriss Street y atravesaron la plaza de la Constitución, donde a su paso recibieron el saludo del amable juez John Proth. Subieron luego Exeter Street, exactamente lo mismo que lo habÃa hecho unos dÃas antes Seth Stanfort, cuando esperaba a Arcadia Walker, y llegaron a Lambeth Street.