La caza del meteoro
La caza del meteoro —Allà está la plaza de la Constitución —dijo Jenny, mirando, con ayuda de unos gemelos, de que, por consejo de Francis, se habÃa provisto—. He ahà Moriss Street... Veo nuestra casa con la torrecilla y la bandera que flota al viento. ¡Hombre...! Alguien hay sobre la torrecilla.
—Papá —dijo Loo sin vacilación.
—No puede ser nadie más que él —declaró Mrs. Hudelson.
—Él es —afirmó la niña, que sin aprensión alguna se habÃa apoderado de los gemelos—. Le reconozco. Está manejando su anteojo... ¡Y veréis cómo no se le ocurre la idea de dirigirle hacia este lado...! ¡Ah, si estuviésemos en la Luna...!
—Ya que ve usted su casa, señorita Loo —interrumpió Francis—, tal vez pueda ver también la de mi tÃo.
—Sà —respondió la niña—, pero déjeme buscar... La reconoceré fácilmente con su torre... Debe de estar de este lado... Espere... ¡Bien...! ¡Ahà está! ¡Ya la tengo!
Loo no se equivocaba; era, en efecto, la casa de Mr. Dean Forysth.
—Hay alguien sobre la torre —dijo, tras un minuto de atención.
—Mi tÃo, seguramente —contestó Francis.
—No está solo.