La caza del meteoro
La caza del meteoro —«Omicron» estará con él.
—No hay que preguntar lo que están haciendo —añadió Mrs. Hudelson.
—Están haciendo lo que hace mi padre —dijo, con algo de tristeza, Jenny, a quien la rivalidad latente de los señores Forsyth y Hudelson ocasionaba siempre algo de inquietud.
Terminada la visita, y habiendo afirmado Loo una vez más su satisfacción, Mrs. Hudelson, sus dos hijas y Francis Gordon, regresaron a la casa de Moriss Street. Al dÃa siguiente se realizarÃa el contrato con el propietario de la villa y se procederÃa inmediatamente a amueblarla para que estuviese lista el próximo 15 de mayo.
Durante ese tiempo, Mr. Dean Forsyth y el doctor Hudelson no perderÃan por su parte el tiempo. ¡Cuánta fatiga fÃsica y moral! ¡Cuántas observaciones, prolongadas por los dÃas claros y las noches serenas, iba a costarles la busca de su bólido, que se empeñaba en no reaparecer sobre el horizonte...!
Hasta entonces, a pesar de su actividad, nada habÃan conseguido los dos astrónomos. Ni durante el dÃa ni durante la noche habÃa podido verse el meteoro a su paso por Whaston.
—¿LlegarÃa siquiera a pasar? —suspiraba Dean Forsyth muchas veces, tras una larga estación ante el ocular de su telescopio.