La caza del meteoro

La caza del meteoro

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Pero si el Punch, periódico satírico, no desperdiciaba esta ocasión de ejercitar su musa cómica, sus colegas, más serios, lejos de imitarle, se sirvieron de ese pretexto para hacer ostentación de una ciencia muy recientemente adquirida.

Kepler (decía el Whaston Standard) creía que los bólidos provenían de exhalaciones terrestres. Parece más verosímil que esos fenómenos no son sino aerolitos en los que siempre se han encontrado señales de una violenta combustión. Desde el tiempo de Plutarco se les consideraba ya como masas minerales que se precipitan contra el suelo de nuestro Globo, cuando sienten al paso la atracción terrestre. El estudio de tos bólidos pone de manifiesto que su sustancia no es en manera alguna diferente de los minerales que nosotros conocemos, y que en su conjunto comprenden casi la tercera parte de los cuerpos simples. Pero ¡qué variedad presenta la agrupación de esos elementos! Sus partículas constitutivas son unas veces delgadas y otras gruesas, de una dureza notable y mostrando al partirlas señales de cristalización. Hasta los hay que están formados de hierro en estado nativo, mezclado a veces con níquel que jamás ha alterado la oxidación.




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