La caza del meteoro
La caza del meteoro Poco a poco comenzó a reinar en la ciudad cierta aprensión. El peligroso y amenazador bólido vino a convertirse en el asunto de todas las conversaciones en la plaza pública, en los círculos lo mismo que en los hogares. La parte femenina de la población, sobre todo, no pensaba más que en iglesias aplastadas y en casas reducidas a polvo. En cuanto a los hombres, juzgaban más elegante alzarse de hombros, pero lo hacían sin verdadera convicción. Puede asegurarse que noche y día se estacionaban grupos en la plaza de la Constitución y en otros barrios de la ciudad; que el cielo estuviese o no nublado, los observadores continuaban en sus puestos. Jamás habían vendido los ópticos tantos anteojos, lentes y otros instrumentos de óptica. Jamás se miró al cielo con tanta inquietud como le miraba entonces la población whastoniana. Que el meteoro fuese visible o no, el riesgo era constante, de todas las horas, por no decir de todos los minutos, de todos los segundos.