La caza del meteoro
La caza del meteoro No sorprenderá que digamos que una parte de la población de Whaston no dejó de experimentar cierto temor ante la lectura de aquellos curiosos artículos. Para haber sido percibido en las condiciones que se saben, a una distancia que debía ser considerable, menester era que el meteoro de los señores Hudelson y Forsyth tuviese dimensiones muy superiores probablemente a las de los bólidos ya conocidos. Ahora bien: si dicho meteoro había ya aparecido en el cénit de Whaston, era que Whaston se encontraba situado en su trayectoria. Volvería, por consiguiente, a pasar por encima de la ciudad si esa trayectoria afectaba la forma de una órbita. Pues bien; que precisamente en ese momento, y por una razón cualquiera, llegase a detenerse en su carrera, ¡y Whaston sería tocada con una violencia de la que no era posible formarse idea!