La caza del meteoro
La caza del meteoro ¿Qué contestaron a estas frases del Whaston Punch, Mr. Dean Forsyth y el doctor Hudelson? Nada absolutamente, y esto por la excelente razón de que desconocían totalmente el artículo del irrespetuoso periódico. «El ignorar las cosas desagradables que dicen de nosotros es siempre la manera más segura de no sufrir por ellas», habría dicho Monsieur de la Palisse, con innegable sabiduría.
No obstante, esas bromas más o menos espirituales son poco agradables para los interesados, y si éstos no las conocen, para sus parientes y amigos. Mitz, particularmente, estaba furiosa; ¡acusar a su amo de haber atraído aquel bólido que amenazaba la seguridad pública...! De hacerle caso, Mr. Dean Forsyth debía perseguir al autor del artículo, y el juez John Proth sabría condenarle a daños y perjuicios, sin hablar de la cárcel, que tema bien merecida.
En cuanto a la pequeña Loo, tomó la cosa en serio y dio la razón al Whaston Punch.
—Sí, tiene razón —decía—. ¿Por qué Mr. Forsyth y papá se han consagrado a descubrir ese guijarro del demonio? Sin ellos habría pasado inadvertido, como tantos otros, que no nos han causado ningún mal.
