La estrella del sur
La estrella del sur —¡Veinte o treinta veces como el diamante de Dresde, que no pesa más que treinta y uno! —terminó Nathan.
Y añadió:
—¡Estimo que después de la talla, éste pesará por lo menos cuatrocientos quilates! Pero ¿quién se atreverÃa a arriesgar una valoración para una piedra semejante? ¡Este valor escapa a todo cálculo!
—¿Por qué no? —manifestó Jacobus Vandergaart, que era el más tranquilo de los dos—. El Koh-i-noor está estimado en treinta millones de francos; el Gran Mogol en doce millones; el diamante del Zar en ocho millones; el Regente, en seis. Pues bien: éste debe ciertamente valuarse en un centenar por lo menos.
—¡Bah, bah! ¡Todo depende de su color y de su calidad! —repuso Nathan que empezó a volver en sà y juzgaba serÃa útil el poner sus miras para el porvenir en vista de un negocio posible—. Si es incoloro y de primera agua, su valor será inestimable Pero si es amarillo, como la mayor parte de nuestros diamantes del Griqualandia, este valor será infinitamente menos elevado… No sé, sin embargo, si preferirÃa para una piedra de estas dimensiones una hermosa tinta azul zafiro como la del diamante de Hope, o rosa como la del Gran Mogol, o el mismo verde esmeralda, como la del diamante de Dresde.