La estrella del sur
La estrella del sur —¡Cómo, padrecito! ¿Vas a comprar ese caballo?
—Por supuesto, Bardik; es el más hermoso que he encontrado por semejante precio.
—No debes tomarle, aun cuando te lo regalen —le aseguró el joven cafre—. Ese caballo no resistirÃa ocho dÃas de viaje en el Transvaal.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Cyprien—. ¿Pretendes acaso echárte1as de adivino conmigo?
—No, padrecito; pero Bardik conoce el desierto; y te advierte que ése caballo no está salado.
—¿Qué no está salado? ¿Quieres, por ventura, hacerme comprar un arenque?
—No, padrecito; esto quiere decir que aun no ha pasado la enfermedad del Veld, que forzosamente ha de sufrir muy pronto, y de la que, sino se muere, quedará inútil.
—¡Ah! —dijo ahora seriamente Cyprien, muy sorprendido de la advertencia que le hacÃa su servidor—. ¿Y en qué consiste esa enfermedad?
—Es una fiebre ardiente, acompañada de tos —le explicó Bardik—. Es indispensable no comprar caballos que no la hayan padecido, lo que se conoce fácilmente por su aspecto, porque es muy raro que vuelva a atacar a l6s que la han tenido ya una vez.