La estrella del sur
La estrella del sur En tales tiendas había de todo; vestidos y muebles, zapatos y vasos de cristal, libros y sillas, armas y telas, escobas y municiones de caza, mantas y cigarros, legumbres frescas y medicamentos, carretes y jabones de tocador, cepillos para las uñas y leche concentrada, sartenes y litografías, en fin, de todo, excepto compradores, porque la población del campo estaba aún ocupada en la mina distante trescientos o cuatrocientos metros de New Rush.
Nuestro francés, como todos los recién llegados, se apresuró a dirigirse, mientras le preparaban la comida, a aquella casa pomposamente decorada conocida con el nombre de «Hotel Continental».
Eran aproximadamente las seis de la tarde. Ya el sol se envolvía en el horizonte en un ligero vapor de oro. El joven ingeniero observó una vez más el diámetro enorme que el astro del día, como el de la noche, presenta bajo estas latitudes australes, fenómeno que aun no ha podido ser explicado de una manera satisfactoria. Este diámetro parecía ser, por lo menos, el doble de ancho que en Europa.
Pero un espectáculo más nuevo aguardaba a Cyprien Méré en el kopje, es decir, en el yacimiento de diamantes.