La estrella del sur
La estrella del sur Pero si el granjero y miss Watkins animaban al experimentador a seguir y perfeccionar la fabricación del diamante, no sucedía lo mismo con los mineros de Griqualandia. Aunque Annibal Pantalacci, James Hilton y Herr Friedel no estaban presentes, habían dejado a sus compañeros, que, bajo este punto de visto, pensaban absolutamente como ellos. El judío Nathan, por medio de sordas maniobras, no cesaba de excitar a los propietarios del claims contra el joven ingeniero.
Si la fabricación artificial llegaba al terreno de la práctica, había concluido el comercio de diamantes naturales y otras piedras preciosas. Ya se habían fabricado zafiros blancos y corindones[13], amatistas, topacios y aun esmeraldas: todas estas gemas no eran más que cristales de aluminio diversamente coloreados por unos ácidos metálicos. Esto era ya muy inquietante para el valor mercantil de estas piedras, que tendía a disminuir. Luego si el diamante concluía por llegar a ser de una fabricación corriente, este hecho sería la ruina de las explotaciones diamantíferas del Cabo y otros lugares de producción.
Todo esto se había dicho ya desde el primer experimento del joven ingeniero, y volvió a repetirse esta vez, pero con más acrimonia, con más violencia todavía.
Los mineros celebraban conciliábulos que no presagiaban nada bueno para los trabajos de Cyprien.