La estrella del sur
La estrella del sur Cyprien Méré protestó, saliendo garante de la probidad del negro; pero nadie quiso escucharle lo que prueba con cuánta cordura obró Matakit, que seguÃa jurando de su perfecta inocencia, al huir desde el primer momento, y lo cual que le hizo al decidirse a volver al Griqualandia.
Pero después el ingeniero, que no querÃa darse por vencido, hizo valer un argumento que nadie se esperaba, y que, en concepto suyo, debÃa salvar a Matakit.
—Creo en su inocencia —manifestó a John Watkins—; pero, por otra parte, aunque fuese culpable, sólo a mi interesa su conducta. Natural o artificial, el diamante me pertenecÃa antes de habérselo regalado a la señorita Alice…
—¡Ah! ¿Os pertenecÃa?… —repitió mister Watkins con tono socarrón.
—Sin duda —replicó Cyprien—. ¿No ha sido encontrado en mi claim por Matakit que estaba a mi servicio?
—Nada más cierto —admitió el granjero—; mas por eso es mÃo de acuerdo a los términos de nuestro contrato, ya que los tres primeros diamantes encontrados en vuestra concesión deben entregárseme en entera propiedad.
Cyprien, aturdido por esta inesperada conclusión, no supo qué responder.