La estrella del sur
La estrella del sur —SÃ, el famoso diamante se habÃa encontrado intacto; nada habÃa perdido su brillo; resplandecÃa a la luz que entraba por la ventana, como una constelación.
Únicamente, ¡cosa singular!, que chocó a todos los testigos de la escena: habÃa cambiado de color.
De negro que era antes, La Estrella del Sur se habÃa convertido en rosa, de un rosa precioso, que aumentaba, si esto era posible, su limpidez y su esplendor.
—¿No pensáis que esto disminuye su precio? —preguntó vivamente mister Watkins, en cuanto pudo hablar, porque la sorpresa y la alegrÃa le habÃan hasta cortado la respiración.
—¡De ninguna manera! —contestó Cyprien—. Por el contrario, es una curiosidad más, que clasifica esta piedra en la familia rara de los diamantes camaleones. Decididamente, parece que no hace frÃo en el buche de Dada, ya que ordinariamente los cambios de matiz de los diamantes coloreados observados con mucha frecuencia en las sociedades sabias, sólo se deben a una súbita variación de la temperatura.
—¡Ah! ¡Gracias al cielo que te he vuelto a encontrar, bella mÃa! —exclamaba mister Watkins, apretando el diamante entre sus manos, como para asegurarse bien de que no soñaba—. Me has causado tanta pena por tu fuga, ingrata Estrella, para que vuelva a dejarte nunca escapar.