La estrella del sur
La estrella del sur —Monsieur Méré —dijo con tono majestuoso y solemne—, me habéis prestado un gran servicio, y dudo si podré pagároslo nunca.
El corazón de Cyprien se puso a latir violentamente. ¡Pagarle!… Un medio bien sencillo tenÃa mister Watkins.
¿Tan difÃcil era cumplir su promesa de dar su hija a quien le devolviese La Estrella del Sur? Y en realidad, ¿no era lo mismo que si la hubiese rescatado y traÃdo desde el fondo del Transvaal?
Esto es lo que el ingeniero se contestaba; pero era demasiado orgulloso para expresar en alta voz su pensamiento, y casi estaba seguro de que se le ocurrirÃa al granjero sin necesidad de que se lo recordasen…
Pero John Watkins, no dijo nada, y después de hacer un signo a su hija para que le siguiese, abandonó la cabaña y regresó a su propia morada.
No hay que decir que poco rato después Matakit recobraba su libertad. Ciertamente, habÃa faltado poco para que el pobre negro pagase con su vida las glotonerÃas de Dada.