La estrella del sur
La estrella del sur Mister Watkins se sintió acometido por vago terror y un estremecimiento secreto. Palideció, volviéndose terrosa la clara tez que sus antiguas costumbres de alcoholismo habÃan coloreado.
Sin embargo, procuró reaccionar contra aquel sentimiento inexplicable de que no podÃa darse cuenta.
—Largo tiempo hace, vecino Vandergaart —dijo dirigiéndose el primero a Jacobus—, que no me habéis dado el gusto de veros en mi casa. ¿Qué buen viento os trae por ella esta noche?
—El viento de la justicia, vecino Watkins —contestó frÃamente el anciano—. Vengo a deciros que por fin va a triunfar el derecho y a manifestarse después de un eclipse de siete años. Vengo a anunciaros que la hora de la reparación ha sonado; que voy a entrar en posesión de lo que es mÃo, y que el kopje que siempre ha llevado mi nombre es desde ahora legalmente mÃo, como no ha dejado de serlo nunca ante la equidad… ¡John Watkins, me habéis desposeÃdo de lo que me pertenecÃa!… ¡Hoy es la ley la que os desposee y os condena a devolverme lo que habÃais tomado!…
