La estrella del sur
La estrella del sur Reinaba un calor sofocante.
Aislada y como replegada en sà misma, en medio del tumulto, miss Watkins parecÃa no escuchar nada. Miraba a Cyprien tan abatido como ella, y sus lágrimas estaban prontas a escaparse de sus hermosos ojos.
Tres golpes fuertemente dados a la puerta del salón vinieron pronto a suspender el ruido de las discusiones y el choque de los vasos.
—¡Entrad! —ordenó mister Watkins con su ronca voz—. Quienquiera que seáis, llegáis en buena ocasión, si tenéis sed.
La puerta se abrió.
La larga y descarnada silueta de Jacobus Vandergaart apareció en el dintel.
Todos los convidados se miraron sorprendidos por esta inesperada visita. SabÃan tan bien en todo el paÃs los motivos de enemistad que separaban a los dos vecinos, John Watkins y Jacobus Vandergaart, que un sordo estremecimiento corrió alrededor de la masa. Todos esperaban algo grave.
HÃzose un gran silencio. Todos los ojos se habÃan vuelto hacia el viejo lapidario de blancos cabellos.
Éste, de pie, con los brazos cruzados, el sombrero sobre la cabeza, vestido con su larga levita negra de los dÃas de fiesta, parecÃa el espectro mismo de la revancha.