La estrella del sur
La estrella del sur —Los tribunales han agotado ya su acción —manifestó Jacobus Vandergaart con su calma inexorable—. Todo se reduce ahora a una cuestión de hecho: el vigésimo quinto grado de longitud, ¿pasa o no pasa sobre la lÃnea que le está asignada en los planos catastrales? Oficialmente está reconocido el error que existÃa sobre este punto, y como conclusión inevitable, el kopje ha vuelto a ser de mi propiedad.
Diciendo esto, Jacobus Vandergaart enseñaba la comprobación oficial que tenÃa en la mano y que estaba provista de los sellos y timbres correspondientes.
El malestar de John Watkins aumentaba visiblemente. Se agitaba sobre su asiento, intentaba burlarse y no lo lograba: sus ojos se fijaron por casualidad, en ese momento, en La Estrella del Sur. Su vista pareció devolverle la confianza que comenzaba a dejarle.
—Y aun cuando eso sea asà —dijo—, aun cuando tenga que renunciar, contra toda justicia, a esta propiedad que se me ha asignado legalmente y de la que gozo en paz hace siete años, ¿qué me importa, después de todo? ¿No tengo con qué consolarme, aunque sólo fuese con esa joya que puedo llevar en el bolsillo de mi chaleco y poner al abrigo de toda sorpresa?