La estrella del sur
La estrella del sur —Otro error, John Watkins —replicó Jacobus Vandergaart con breve entonación—. La Estrella del Sur es desde ahora de mi propiedad, por el mismo tÃtulo que todos los productos del kopje que se encuentren en vuestras manos, que el mobiliario de esta casa, que el vino de esas botellas, que los manjares que contienen esos platos… Todo es mÃo aquÃ, puesto que todo proviene del fraude que se me ha hecho… Y no temáis, he tomado bien mis precauciones.
Jacobus Vandergaart dio una palmada con sus descarnadas manos. Al momento aparecieron en la puerta los constables vestidos con sus negros uniformes, seguidos inmediatamente de un oficial del sheriff que entró vivamente y puso la mano sobre una silla.
—En nombre de la ley —declaró—, hago embargo preventivo de todos los objetos, mobiliarios y valores, cualesquiera que sean, que se hallen en esta casa.

Todo el mundo se levantó, excepto John Watkins. El granjero, anonadado, desplomado sobre su ancho sillón de madera, parecÃa herido por el rayo.
Alice se habÃa arrojado a su cuello y procuraba fortalecerle con sus dulces palabras.