La estrella del sur
La estrella del sur 
Generalmente no se procura domesticar estos animales, y los granjeros del Cabo las dejan vivir en un estado casi salvaje.
Se contentan con soltarlas en grandes cercados de vasta extensión, defendidos por altas barreras de alambre, semejantes a las que se colocan en ciertos países a lo largo de las vías férreas. Las avestruces, debido a estar mal constituidas para el vuelo, no pueden franquear estos cercados. Allí viven todo el año en una cautividad que éstas ignoran, alimentándose de lo que encuentran, y buscando rincones apartados donde poner sus huevos, que leyes severas protegen de los merodeadores.
Tan sólo en la época de la muda, y cuando se trata de despojarlos de esas plumas tan apreciadas por las mujeres de Europa, debe procederse por los ojeadores a cazar lentamente las avestruces en una serie de cercados cada vez más pequeños, hasta que sea fácil cogerlas y arrancarles su adorno.