La estrella del sur
La estrella del sur —Pues bien: comprad una parte del claim. Una octava y aun una dieciseisava parte bastará, y trabajadla vos mismo. Un millar de francos basta para esa adquisición.
—Eso está más al alcance de mis recursos —admitió el joven ingeniero—. Pero vos, mister Steel, ¿cómo os las habéis compuesto? ¿Habéis llegado aquà con un capital?
—Yo he llegado con mis brazos y tres monedas de oro en mi bolsillo —explicó el otro. Pero he tenido suerte. He trabajado primero a medias en un octavo, cuyo propietario gustaba más de quedarse en el café que ocuparse de negocios. HabÃamos convenido en repartir los hallazgos, y yo los hacÃa bastante buenos, particularmente una piedra de cinco quilates que vendimos en doscientas libras esterlinas. Pero me harté de trabajar para aquel holgazán, y compré un dieciseisavo, que he explotado yo mismo. Como no recogÃa sino piedrecitas, me desprendà de él hace diez dÃas. Hoy trabajo de nuevo a medias con un australiano en su claim; pero no hemos hecho para los dos más que cinco libras en la primera semana.
—Si encontrase para comprar una buena parte de claim, no muy cara, ¿os avendrÃais a explotada conmigo, como socio? —preguntó Cyprien.