La estrella del sur
La estrella del sur Llegó en menos de una hora.
En este momento los mineros entraban en el campo para tomar su segundo desayuno. Cyprien Méré, pasando revista a todos aquellos rostros, se preguntaba a quién se dirigirÃa para obtener los datos que le eran necesarios, cuando reconoció en un grupo la fisonomÃa leal de Thomas Steel, el exminero de Lancashire. Dos o tres veces ya habÃa tenido ocasión de encontrarle desde su llegada simultánea al Griqualandia, y de observar que el bravo muchacho prosperaba visiblemente, como lo indicaban su firme rostro fresco y lucido, sus flamantes vestidos nuevos, y sobre todo, aquel ancho cinturón de cuero que le cubrÃa sus costados.

Cyprien se decidió a abordarle y darle cuenta de sus proyectos, lo que hizo en pocas palabras.
—¿Alquilar un claim? Nada más fácil si tenéis dinero —le contestó Thomas—. Hay uno justamente al lado del mÃo. Cuatrocientas libras esterlinas[3]. ¡Es regalado! Con cinco o seis negros que lo exploten por tu cuenta, es seguro que harás por lo menos setecientos u ochocientos francos de diamantes por semana.
—Pero no tengo los diez mil francos, y no poseo ni un solo negro —dijo Cyprien.