La estrella del sur
La estrella del sur —¡Renunciar a tanta gracia por falta de un poco de dinero! ¡Abandonar la partida al primer obstáculo! ¿Es esto tan valeroso como imagino? ¿No serÃa mejor sacrificar algunas preocupaciones y procurar hacerme digno de ellas? ¡Hacen fortuna tantas gentes en algunos meses buscando diamantes! ¿Por qué no habÃa yo de hacer lo mismo? ¿Quién me impide a mà desenterrar una piedra de cien quilates, como ha sucedido a otros; mejor aún, descubrir algún nuevo yacimiento? Yo tengo seguramente más conocimientos teóricos y prácticos que la mayor parte de todos estos hombres. ¿Por qué la ciencia no habrá de ofrecerme lo que el trabajo, ayudado por un poco de suerte, les ha dado? Después de todo, poco pierdo con ensayar… Aun desde el punto de vista de mi misión, tal vez no me sea inútil agarrar el pico y probar el oficio de minero… y si salgo bien, si logro hacerme rico por este medio primitivo, ¡quién sabe si John Watkins se dejará convencer y se retractará de su decisión primera!… Bien vale el premio que se pruebe la aventura.
Cyprien se puso a pasear por el laboratorio; pero esta vez sus brazos permanecieron inactivos; el pensamiento sólo trabajaba…
De repente se detuvo, tomó su sombrero y salió.
Luego de haber tomado el sendero que descendÃa a la llanura, su decisión primera… Bien vale el anhelado premio que se pruebe sin demora la aventura.