La estrella del sur
La estrella del sur —Más me agradarÃa que la negociación se hiciese entre vos y él decidió Cyprien.
—Que no quede por eso —replicó Thomas Steel—. Pronto podemos salir de dudas.
Tres horas después, la mitad del claim numerado con el 924, debidamente marcado con piquetes y reconocida sobre el plano, se hallaba adjudicada en debida forma a los socios Meré y Steel; mediante el pago de noventa libras[4] y entrega hecha en manos del receptor de los derechos de patente.
Además, se habÃa estipulado en el contrato, que los concesionarios dividirÃan con John Watkins los productos derivados de su explotación y le entregarÃan a tÃtulo de royalty los tres primeros diamantes que encontrasen, cuyo peso excediese de diez quilates. Nada indicaba que esta eventualidad se presentase; pero en suma, era posible, todo era posible.
—El negocio podÃa ser considerado como excepcionalmente bueno para Cyprien Méré, y mister Watkins lo declaró con su franqueza ordinaria, brindando con él, después de la firma del contrato.
—Habéis tomado el buen camino, hijo mÃo —le aseguró, golpeándole la espalda—. Hay en vos buena madera. No me sorprenderÃa que llegaseis a ser uno de los mejores mineros de Griqualandia.
Cyprien no pudo menos de ver en estas palabras un feliz presagio para el porvenir.