La estrella del sur
La estrella del sur Otro vecino del campo, en cuya casa gustaba Cyprien entrar algunas veces, porque encontraba en ella retratada la vida de bóer en todo su color original, era un granjero llamado Mathys Pretorius, bien conocido por todos los mineros del Griqualandia.
Aunque contaba escasamente cuarenta años de edad, Mathys Pretorius, había también errado largo tiempo por la vasta cuenca del río Orange, antes de venir a establecerse en este país.
Pero aquella existencia nómada no había tenido por efecto, como para el viejo Jacobo Vandergaart, el enflaquecerle e irritarle. Mas bien le había aburrido y engordado hasta tal punto que le costaba trabajo andar. Se le podía comparar con un elefante.
Casi siempre sentado en un gran sillón de madera construido especialmente para recibir sus formas majestuosas, Mathys Pretorius no salía sino en carruaje, una especie de cochecillo de mimbres, tirado por un gigantesco avestruz. La facilidad con la que esta zancuda arrastraba la enorme masa humana, daba seguramente una muy alta idea de su potencia muscular.
Mathys Pretorius venía habitualmente al campo para concluir con los cantineros algún negocio de legumbres. Era muy popular, aunque en verdad de una popularidad poco envidiable, porque estaba basada en su gran timidez. Así, los mineros se divertían con infundirle miedos terribles, diciéndole mil locuras.