La invasion del mar

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El suboficial no exageraba. En todo el pals, y sobre todo en los alrededores de Tozeur, los dátiles son de superior calidad, y en este oasis hay más de 200.000 palmeras que producen más de ocho millones de kilogramos de fruto. Ésta es la gran riqueza del país, la que atrae numerosas caravanas portadoras de lana, goma, trigo, que dejan a cambio de millares de sacos de exquisitos dátiles.

Con sólo este dato se comprenderá desde luego lo justificado de los temores de los indígenas a propósito del proyectado mar interior. Efectivamente, según ellos, a consecuencia de la humedad que provocaría la inundación de las depresiones, los dátiles perderían sus excelentes cualidades. Gracias a la sequedad del aire del Djerid, sus dátiles ocupan el primer lugar entre los frutos, que constituyen el principal alimento de las tribus, y pueden conservarse indefinidamente, por decirlo así. Si el clima cambiase, ya no serían más estimados que los que se recogen en la vecindad del golfo de Gabes o del Mediterráneo.

¿Estaban justificadas estas aprensiones? Ya hemos visto que las opiniones acerca del proyecto estaban divididas; pero lo cierto era que los indígenas de la baja Argelia y de la baja Tunicia protestaban y se indignaban contra la ejecución del mar del Sahara, al pensar en los irreparables perjuicios que había de producir el proyecto Roudaire.


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