La invasion del mar
La invasion del mar Ningún incidente interrumpió la marcha desde la salida hasta la puesta del sol, y la tranquilidad del campamento no fue turbada hasta el día. Algunas bandas de árabes mostráronse a gran distancia de la orilla norte del canal, remontando hacia las montañas Aurés. Pero no inquietaron para nada al capitán Hardigan, que no trató de ponerse en comunicación con ellos.

A la mañana siguiente, 2 de abril, se emprendió la marcha sobre Nefta en las mismas condiciones que la víspera, con cielo cubierto y calor soportable. Al ir aproximándose al oasis, el país se transformaba poco a poco y el suelo aparecía menos estéril. La llanura verdeaba, y algunas florecillas de un azul pálido erguíanse aquí y allá; algunos grupos de árboles surgían en las orillas de cursos de agua, olivos e higueras, y, por último, las grandes masas de acacias destacábanse sobre el horizonte.
La fauna de esta comarca contaba casi sólo con antílopes, que, huyendo a bandadas con gran velocidad, desaparecían como por encanto. El mismo Adelantado no hubiera podido darles alcance. En cuanto al perro, limitábase a ladrar furiosamente cuando los monos, bastante numerosos en la región, saltaban por entre las ramas de los árboles. Se veían también búfalos y musmones manchados, a los que hubiera sido inútil perseguir, puesto que el abastecimiento debía hacerse en Nefta.