La invasion del mar

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Franceses e indígenas hicieron muy buen recibimiento a la columna y se apresuraron a alojarla lo mejor posible. Había en toda esta solicitud su buena dosis de interés. El comercio de Nefta iba a beneficiarse considerablemente con el paso del canal por la proximidad del oasis. Todo el tráfico que hubiera perdido si, más allá de Tozeur, el canal se hubiera dirigido hacia el chott, lo recuperaría. Era casi como si Nefta estuviera a la espera de transformarse en villa ribereña del nuevo mar. Así es que los habitantes no sabían qué hacer para agasajar al ingeniero-jefe de la Sociedad francesa del mar del Sahara. Sin embargo, a pesar de las instancias hechas por retener la expedición, la partida verificóse al amanecer del siguiente día. El capitán estaba preocupado por las referencias que recibía acerca del estado de ánimo de las tribus de los alrededores del Melrir.

Apenas brillaron los primeros rayos del sol, hombres, caballos y carros estaban ya dispuestos y se dio la señal de partida. La docena de kilómetros, desde Nefta hasta el recodo, se franquearía en la primera etapa, y hasta Rharsa en la segunda. Ningún incidente ocurrió en el camino, y serían las seis de la tarde cuando el capitán Hardigan hizo alto en el fondo de lo que había de ser una caleta cuando vertiera allí las aguas el canal, completamente acabado hasta aquel punto.


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