La invasion del mar
La invasion del mar —Eran tres solamente cuando les hemos visto —repuso uno de los indÃgenas.
—SÃ, y los que están acampados allà tampoco son muchos —añadió el otro.
—¿Quién era el tercero?… No era un oficial.
No… será algún ingeniero de esa maldita Compañia… Habrá venido con escolta para visitar de nuevo los trabajos del canal… antes que las aguas pasen por él… Se dirigen hacia el Melrir, y cuando lleguen… cuando vean…
—¡Que no pueden inundado! —exclamó el más violento de los dos árabes—; que no se realizará su mar del Sahara, se detendrán, no llegarán más allá, y entonces un centenar de nuestros fieles amigos…
—Pero ¿cómo prevenirles para que lleguen a tiempo?
—El oasis de Zenfig no está más que a una veintena de leguas, y si el destacamento se para en el Melrir, se le puede retener allà algunos dÃas.
—No es imposible, sobre todo ahora que no tiene para qué continuar la marcha hacia adelante.
—Si esperan a que las aguas del golfo se repartan por estas tierras ya pueden ir abriendo su tumba, porque todos habrán muerto antes de que tal cosa suceda… Vamos, Harrig, vamos…
—Ya te sigo, Sohar.