La invasion del mar
La invasion del mar Estos hombres eran los dos de la tribu tuareg que habÃan tomado parte en la evasión de Hadjar: Harrig, que habÃa convenido la operación con el dueño del cafetÃn de Gabes; Sohar, el propio hermano del jefe rebelde. Ambos abandonaron aquellos lugares, desapareciendo rápidamente en la dirección de Melrir.
Al dÃa siguiente, una hora después de salir el sol, el capitán Hardigan dio la señal de partida, y la reducida tropa siguió, en el orden acostumbrado, la orilla norte del canal. El señor Francois, recién rasurado, ocupaba su lugar habitual en la vanguardia del convoy, y el cabo Pistache, a caballo, caminaba junto a él, manteniendo una animada conversación.
—Y bien, ¿cómo va ese valor, señor Francois? —preguntó Pistache con el tono de buen humor que le era habitual.
—Divinamente —contestó el digno doméstico del ingeniero.
—Parece ser que la excursión no le produce a usted disgusto ni fatiga.
—De ningún modo; esto es un paseo a través de un paÃs curioso…
—Que resultará desconocido después de la inundación.
—Desconocido, en efecto —respondió el señor Francois con voz mesurada y doctoral.