La invasion del mar
La invasion del mar No se corría riesgo alguno en el kilómetro 347, y lo mejor sería instalar un campamento en espera del regreso de los obreros. El teniente Villette, el suboficial Nicol y todos los hombres disponibles acompañarían a Mezaki hasta el oasis de Gizeb, donde el jefe Pointar y los trabajadores se encontraban, según decía el indígena.
El oficial contaba con poder regresar al campamento en aquel mismo día. Probablemente Pointar acompañaría a Villette, quien pondría un caballo a su disposición. En cuanto a los obreros, estarían a las cuarenta y ocho horas en el lugar del trabajo si podían partir a la mañana siguiente.
Suspendíase, pues, momentáneamente la exploración alrededor del Melrir. Tales fueron las disposiciones adoptadas de común acuerdo entre el ingeniero y el capitán Hardigan.
Mezaki no hizo objeción alguna, aprobando el envío del teniente Villette y sus jinetes al oasis de Gizeb. Opinaba que los obreros no dudarían en acudir al trabajo en cuanto supieran que se hallaban allí el ingeniero y el capitán. Ya se vería luego si era conveniente que se enviara desde Biskra un fuerte destacamento de maghzen, que guardaría los trabajos hasta que las primeras aguas del golfo inundaran el Melrir.