La invasion del mar
La invasion del mar Y para contestar a la observación que a este propósito le habÃa hecho el capitán Hardigan, el ingeniero no pudo más que repetir lo que ya habÃa dicho respecto al asunto:
—Continúo con mi idea de que el suelo del Djerid, en la parte comprendida entre el litoral y el Rharsa y el Melrir, nos reserva sorpresas. Esto no es, en realidad, más que una costra salÃfera, y yo mismo he comprobado que tiene oscilaciones de amplitud bastante considerable. Es, pues, admisible que el canal se ensanchará al paso de las aguas, y con esta eventualidad contaba Roudaire, no sin razón, para completar los trabajos. La naturaleza colabora a veces con el genio humano… En cuanto a las depresiones, que son lechos desecados de antiguos lagos, bien bruscamente, bien de un modo gradual, irán profundizándose, bajo la acción de las aguas, más de la cota que actualmente acusan. Mi convicción es, por lo tanto, que la inundación completa tardará menos tiempo del que se ha supuesto. Repito que el Djerid no está libre de ciertas conmociones sÃsmicas, y estos movimientos no pueden ser más que favorables a nuestra empresa… En fin, mi apreciado capitán, ya veremos… ya veremos. Yo no soy de los que recelan del porvenir, sino de los que cuentan con él. ¿Qué dirÃa usted si antes de dos años, antes de un año, toda una flotilla mercante surcara la superficie del Rharsa y del Melrir?…