La invasion del mar

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Sohar forzaba la marcha. Tenía prisa de ganar Zenfig, donde su hermano le esperaba. Por lo demás, nada podía aún hacer sospechar a los prisioneros que habían caído en manos de Hadjar. Lo que el capitán Hardigan y el señor de Schaller se imaginaban, no sin razón, era que aquel ataque no había tenido por objeto el pillaje del campamento de Goleah, sino que el golpe de mano debía ser una represalia de las tribus del Melrir. ¡Y quién sabe si el capitán y sus acompañantes no iban a pagar con su libertad, con su vida tal vez, este proyecto del mar del Sahara!

Esta primera jornada comprendió dos etapas, o sea, un recorrido de 25 kilómetros en total.

El calor había sido de una intensidad verdaderamente extraordinaria. El que más sufrió durante la marcha fue seguramente el señor Franqois, que iba a lomos de un camello. Poco acostumbrado a las sacudidas de este género de montura, estaba literalmente molido, y fue necesario atarle para que no se cayera cuando la bestia trotaba.

La noche se pasó tranquilamente, salvo algún que otro rugido de las fieras que rondaban por las cercanías.

Durante las primeras etapas, hubo que caminar por sendas que Sohar conocía; pero luego la marcha se efectuó sobre el suelo del Hinguiz, que ofrecía seguridad.


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