La invasion del mar
La invasion del mar La estancia donde fueron conducidos los prisioneros de Sohar era el antiguo fuerte del poblado, que hacía mucho tiempo estaba en ruinas. Antiguamente, este castillo había servido a los tuaregs de Zenfig, cuando las grandes luchas que sostuvieron las tribus entre sí en toda región del Djerid; pero, después de la pacificación, nadie se había ocupado en hacer las necesarias reparaciones para mantenerlo en buen estado. Sin embargo, por derruido que estuviese el fuerte, ofrecía alguna parte habitable en el centro de la construcción. Dos o tres habitaciones sin muebles daban acceso a un patio interior, separadas por espesas paredes capaces de resistir todas las inclemencias del tiempo. Allí fue donde el ingeniero, el capitán Hardigan, el cabo Pistache, el señor Frallois y los dos espahíes fueron conducidos desde su llegada a Zenfig. Hadjar no les dirigió la palabra, y Sohar, que les condujo al fuerte bajo la escolta de una docena de árabes, no contestó a ninguna de sus preguntas.
No hay para qué advertir que el capitán y sus compañeros no tuvieron tiempo de echar mano a sus armas cuando les atacaron los asaltantes, que les despojaron de sus sables, revólveres y carabinas, de todo el dinero que llevaban y hasta de la navaja de afeitar del señor Frarwois, legítimamente indignado por este atropello.
Cuando Sohar los hubo dejado solos, el primer cuidado de los prisioneros fue explorar el fuerte.
