La invasion del mar

La invasion del mar

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Era lo mejor que podían hacer. En medio de aquella oscuridad, en el dédalo del oasis, los fugitivos hubieran corrido el riesgo de errar alrededor del poblado sin alejarse de él. Afortunadamente, guiados por el perro, lograran alcanzar muy pronto la linde septentrional del Hinguiz.

Había que caminar con grandes precauciones, pues el suelo del Melrir es peligroso en extremo, repleto de hoyos de los cuales hubiera sido imposible salir.

Los pasos practicables que había entre ellos sólo eran conocidos por los tuaregs de Zenfig y de los poblados vecinos, que hacían de guías y que, frecuentemente, ofrecían sus servicios para saquear a las caravanas.

Al amanecer, después de una marcha rápida en la que no tuvieron ningún mal encuentro, hicieron alto en un bosque de palmeras.

Dada la dificultad de avanzar mucho en plenas tinieblas, era de suponer que no habrían andado más de siete u ocho kilómetros en aquella primera etapa.

Quedaría, pues, una veintena para alcanzar el extremo del Hinguiz y otro tanto desde aquí al oasis del Goleah.

El capitán Hardigan juzgó a propósito este sitio para reposar una hora de las fatigas de la nocturna marcha. El bosque estaba desierto, y los poblados más próximos ocupaban el límite meridional de aquella futura isla central.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker