La invasion del mar

La invasion del mar

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Eran las cinco de la tarde. El capitán Hardigan había comprendido que sus compañeros no podían ir más lejos; y, sin embargo, el lugar no tenía nada de propicio para acampar. La llanura rasa y pelada; ni el más ligero declive, ni una gota de agua potable. Algunos pájaros atravesaban rápidamente esta región desolada para ganar los oasis próximos a varias leguas de allí, sin duda.

En aquel momento el cabo se aproximó al oficial y le dijo:

—Sea dicho con todo respeto, mi capitán, creo que podríamos hacer algo mejor que acampar aquí, donde nos podrían ver los tuaregs.

—¿Dónde, pues?

—Mire usted, hacia allí, a menos que yo no me engañe, veo como una especie de duna, que se marca allá abajo, con algunos árboles encima.

Y, con la mano extendida hacia el nordeste, Pistache mostraba un punto de la hondonada, distante unos tres kilómetros.

Todas las miradas siguieron aquella dirección. Pistache no se había engañado. Había allí, por fortuna, una de esas colinitas que son como jorobas del desierto, un tell, por encima del cual se perfilaban tres o cuatro árboles, bien raros en aquella región. Si el capitán Hardigan y sus compañeros podían llegar hasta allí, pasarían la noche en mejores condiciones.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker