La invasion del mar
La invasion del mar De pronto el ingeniero vio ante si a un desconocido que habÃa llegado hasta el abriéndose camino a codazos, que le saludo primeramente en voz baja, y luego le dijo con un pronunciado acento exótico:
—¿Es al señor de Schaller en persona a quien tengo el honor de dirigirme?
—Me parece que si —contestó el interpelado.
—Entonces, señor, me honro en significarle que, según un documento autentico redactado ante notario, legalizado por el señor presidente del tribunal de primera instancia de la residencia oficial de la Compania franco-extranjera, con el exequatur del Residente general de Francia en Tunez, registrado en el folio 200, yo soy el mandatario de los liquidadores de la referida compañÃa, con amplios poderes para transigir o para litigar. En su nombre vengo a pedir a usted cuenta de los trabajos realizados por la sociedad representada, y que usted se comprometió a utilizar.
En la alegrÃa desbordante que le iba invadiendo poco a poco, por haber encontrado a sus compartiros y ver su obra concluida de modo tan fantástico, el ingeniero estuvo muy lejos de corresponder al tono solemne del desconocido, y le dijo con acento jocoso:
—Senor mandatario, el de los amplios poderes, un consejo de amigo: ante todo, procure usted tomar acciones del mar del Sahara.