La invasion del mar
La invasion del mar Es de suponer la emoción que producirÃa esta nueva. No hubo más que un sentimiento común: vengar la muerte del audaz explorador, y vengarla sobre el despiadado jefe tuareg, cuyo nombre fue objeto de la execración pública. ¡Y cuántos otros atentados contra las caravanas habÃa que cargarle en cuenta!… Asà es que las autoridades francesas decidieron organizar una expedición para apoderarse de su persona y castigarle por tantos crÃmenes, destruyendo al mismo tiempo la funesta influencia que ejercÃa sobre las tribus, que poco apoco iban ganando terreno hacia el este del continente africano cuyo hábitat tendÃa a establecerse en las regiones meridionales de Tunicia y Tripolitania. El considerable comercio que se hacÃa en esta región estaba expuesto a sufrir honda perturbación, acaso a desaparecer, si no se reducÃa a los tuaregs a un estado de completa sumisión.
Se organizó, pues, la expedición militar, y tanto el gobernador de Argel como el residente general de Túnez dieron las órdenes para que fuese auxiliada en los pueblos del paÃs de los chotts y de los sebkhas por todos los puestos militares. La columna formábala un escuadrón de espahÃes, a las órdenes del capitán Hardigan, que el ministro de Guerra designó para esta difÃcil campaña, de la que se esperaban importantes resultados.