La Isla misteriosa
La Isla misteriosa El nombre del príncipe Dakkar fue ilustre entonces y el héroe que lo llevaba no se ocultó, sino luchó abiertamente. Su cabeza fue puesta a precio y no se encontró un solo traidor que la entregara, pagándolo por él su padre, su madre, su mujer y sus hijos antes de que pudiese conocer los peligros que por su causa corrían.
El derecho, esta vez, también había caído ante la fuerza. Pero la civilización no retroce jamás y parece que toma de la necesidad todos sus derechos. Los cipayos fueron vencidos y el país de los antiguos rajás volvió a caer bajo la dominación más estrecha de Inglaterra. El príncipe Dakkar, que no había muerto, volvió a las montañas de Bundelkund. Allí, solo, lleno de tristeza contra todo lo que se llamaba hombre, dominado por el odio y el horror del mundo civilizado, queriendo huir para siempre, recogió los restos de su fortuna, reunió veinte de sus más fieles compañeros y un día desaparecieron todos.