La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Así se explicaban tantos incidentes que parecían sobrenaturales y que eran otros tantos testimonios de la generosidad y del poder del capitán. Aquel misántropo tenía sed de bien. Le quedaban útiles consejos que dar a sus protegidos, y, por otra parte, sintiendo latir su corazón y debilitarse sus fuerzas por la proximidad de la muerte, envió a buscar, como es sabido, a los colonos del Palacio de granito, mediante un alambre que unió al de la dehesa con el Nautilus, el cual tenía también un aparato alfabético... Quizá no lo hubiera hecho, si hubiese sabido que Ciro Smith estaba tan al corriente de su historia que le saludó con el nombre de capitán Nemo.
El capitán había terminado la relación de su vida. Ciro Smith tomó entonces la palabra. Recordó todos los incidentes que habían ejercido sobre la colonia tan saludable influencia y, en nombre de sus compañeros y en el suyo, dio las gracias al ser generoso a quien tanto debían.
Pero el capitán Nemo no pensaba reclamar el premio de los servicios que había hecho. Un último pensamiento agitaba su ánimo y, antes de estrechar la mano que le tendía el ingeniero, le dijo:
-Ahora, usted que conoce mi vida, júzguela.