La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Al hablar así, el capitán aludía a un grave incidente de que habían sido testigos los tres extranjeros arrojados a bordo, incidente que el profesor francés necesariamente había tenido que contar en su obra y que había resonado en todas partes con eco terrible. En efecto, pocos días antes de la fuga del profesor y de sus dos compañeros, el Nautilus, perseguido por una fragata, al norte del Atlántico, se había precipitado contra ella como un ariete y la había echado a pique sin misericordia.
Ciro Smith comprendió la alusión y permaneció en silencio.
-Era una fragata inglesa -exclamó el capitán Nemo, que por un instante volvía a ser el príncipe Dakkar-, una fragata inglesa, ¿me entiende? Me atacaba. Yo estaba metido en una bahía estrecha y poco profunda... Necesitaba pasar y pasé. -Después, con voz tranquila, añadió-: La justicia y el derecho estaban de mi parte. He hecho en todas partes el bien que he podido y también el mal que he podido hacer. La justicia no consiste solamente en el perdón. ¿Qué piensan ustedes de mí, señores?
Ciro Smith tendió la mano al capitán y contestó a su pregunta con voz grave: